The Necks: uma surpresa absoluta.

Así hablaba la crónica en Tomajazz sobre el concierto de los australianos The Necks en el año 2003 para abrir el mejor festival de Jazz de la Península Ibérica: Jazz em agosto de Lisboa.

Comentario Jazz en Agosto comenzó bien. El espíritu del festival impone que los grupos que participan en él aporten novedad y la programación de Rui Neves, en lo fundamental, ha prestado un tributo inestimable a la memoria de sus patronos, la familia Perdigão.

La banda The Necks fue una absoluta sorpresa. No sólo por presentar una música realmente nueva sino, al mismo tiempo, por haber tenido la capacidad de sorprender al público presente en la inauguración de una nueva edición de Jazz en Agosto.

Lo que oímos fue claramente una propuesta musical que huye del trivial jazz de vanguardia. Los oyentes pueden preguntarse si la música presentada es jazz o si se presentan otras propuestas más o menos marginales frente a la iconografía dominante. Para nosotros esta cuestión no es muy importante. Lo importante es resaltar que los artistas escogidos, o son innovadores, o son una aproximación a aquello que estamos acostumbrados a oír. Es aquí donde reside el centro de la cuestión. Y el grupo no defraudó a las mentes más inquietas.

En efecto, fue una propuesta llena de sorpresas, tanto por el minimalismo de la música del pianista Chris Abrahms, como por la aparente sencillez de sus acompañantes. Pasamos a explicarlo. La música del pianista provocó en el espectador un trance casi hipnótico que transportó al público a paisajes más o menos remotos. Nos quedamos con la sensación de oír músicas con influencias de artistas como Wim Mertens o Michael Nyman. No es habitual combinar el jazz con vocabularios minimales. Pero lo cierto es que resulta una música llena de variaciones originales, nuevas, y que se comprenden a la luz de las influencias de sus intérpretes. No estamos ante unos músicos de escuela predominantemente jazzística. Su aprendizaje se hizo escuchando músicos y compositores alejados de lo que denominamos "mainstream", cualquiera que sea. Esta música combina el vocabulario del pop, del rock, de la música étnica, también del jazz e incluso de la música culta. Y este potaje, aderezado con alguna pócima mágica de elaboración propia, los vuelve realmente originales. Y esto no se encuentra todos los días en las músicas que escuchamos.

A los sencillos ritmos binarios predominantes de la base rítmica, que son comprensibles y deseables en este contexto casi pop, Abrahms contrapone una lucidez melódica envolvente que hace que la música de este trío sea de una originalidad sin precedentes. Fue dentro de este contexto que Tomajazz descubrió que, como ocurre en este caso, hay muchos grupos capaces de ampliar los horizontes de los oyentes que, al final, somos todos nosotros.

Finalizado el concierto, oímos decir que esto no era jazz, que no cumplía los objetivos, que no era música, etc. Con el debido respeto para todas aquellas ilustres personas que formularon dichas opiniones, si este tipo de proyectos no existieran en el jazz no habría aquello que todos deseamos: evolución.

João Pedro Viegas