Revisión sonora 2005

De verdad, propuestas así son de agradecer. Bajo el título ‘ Sonora 05 ’ se esconde una iniciativa que pretende acercar al mundo universitario una fórmula con gran calado en países como Inglaterra o Estados Unidos. Ya que en España no conocemos cadenas de radio universitarias que investiguen nuevos lenguajes musicales, agradecemos la inversión de la Universidad de Vigo en conciertos gratuitos de este tipo que facilitan el acercamiento a un circuito de músicos inalcanzable de otra forma. Con la colaboración de Sinsalaudio, ‘Sonora 05’ arrancó en Vigo con un cartel de lujo.

MOLASSES abrieron el festín, y lo hicieron como uno de los platos más jugosos. Amparados en el pedigrí que los vincula a la comuna canadiense por excelencia (Constellation) y a uno de los sellos avant-garde del momento, Alien8. En estudio Molasses esconde un combo mutante que en directo se reduce a la presencia de Scott Chernoff (voz y guitarra), Flüffy Erskine (batería), Jennifer Ménard (coros y teclados) y David Michael Curry (violín y serrucho). Venciendo al extraño horario (4 y media de la tarde) Molasses mostraron todos los síntomas que reafirman su discurso, ése que encuentra en los inviernos nevados de Montreal o en el emblemático Hotel 2 Tango la inspiración para las confesiones poéticas de un Scott Chernoff con las suficientes tablas para llenar un escenario él solo pero que rehuye tal condición (la de songwriter) en favor del papel protagonista de una banda que frecuenta la cadencia comatosa de los primeros Low y la épica desnuda de unos Godspeed You! Black Emperor sin la mitad de su arsenal y sin intención alguna de desarrollar crescendos. Church-music, coros, atmósferas alimentadas por drones y una narrativa cercana al Leonard Cohen más folkie, dibujan el universo Molasses. La convicción, concisión y determinación de las canciones deberían invitar a más de uno a correr a su último disco Trouble at Jinx Hotel (Alien 8, 2004) para comprobar como es la vista desde la cúspide.

A las intempestivas cinco y media turno para THALIA ZEDEK. Para la ex Come sobrevivir en el panorama musical actual inundado por glitches, beats, el revivalismo post-punk, el crunk, el emergente grime, el folk más/menos alucinado, el synth-rock o el hip-hop se intuye una tarea tan injusta como difícil de entender. Reivindicar a estas alturas los quiebros vocales que han acompañado su dilatada carrera o todo lo que le ha dado al rock más visceral en la última década es tan de locos que recordarlo suena a obscenidad. Gustará más o menos pero nadie puede negar que tras esos ojos verdes arrugados se esconde la sabiduría de la que estuvo allí y sabe de lo que habla. Acompañada del (excesivamente) robusto baterista Daniel Coughlin y el violín del Molasses David Michael Curry, Thalia Zedek cabalgó sobre los problemas de un sonido que en el hormigón encontró una resonancia metálica que dificultó el protagonismo de una voz que sigue sonando rota, triturando la calma y disparando sin misericordia alguna a dios, a la mano del diablo, a los viejos amores y a aquellos que no se dejan llevar por un toque de locura. Reina en tierra de nadie, suficiente en la pausa (1926) como en la furia (hell is in hello) Thalia Zedek despidió la actuación con un feedback tormentoso que recordó a los Dirty Three más desatados. Como cantaba Dylan, she’s a big girl now.

Cuando HOOD subieron al escenario las butacas y pasillos colindantes estaban petados. Nada que extrañar cuando hablamos de un grupo cuyo bagaje supera a esos endiosados Radiohead que solo en la sordera colectiva pueden encontrar argumentos que justifiquen el falso liderazgo en el out-rock salido de las islas. La única duda era comprobar si Outside Closer (Domino, 2005) podía sostenerse en directo. Dudamos porque en su último disco eligieron musicar postales más paisajistas obviando las bondades electrónicas en favor de posturas más contemplativas recurrentes a la discografía intermedia, la que comprende rustics houses forlorn valleys (98) y the cycles of days and seasons (99) ambos para Domino. Esas dudas quedaron resueltas cuando en el recuento final de la actuación comprobamos que en la atemporalidad y clímax siguen mandando las canciones de Cold House (Domino, 2001) armazón en el que Hood construyen un directo sin fisuras. They removed all trace that anything had happened here, you show no emotion at all y the world touches too hard -rescatada del también maravilloso ep home is where it hurts (Domino, 2001)- colorearon lo que es el testimonio vivo más significativo de la indietrónica. Como sucediera antes con Thalia Zedek, el pésimo sonido del inicio puso algún pero, rápidamente solventado cuando el reclamo más efectivo de Outside Closer, the lost you, encendió las alarmas. Durante el incendio sobresalió el mayúsculo y soberbio baterista Stephen Royle, los visos de continuidad en el acierto que dejaron ver una transformada the negatives y, sobre todo, 1.fading hills en unas pautas creativas que solo atienden al movimiento constante como línea a seguir, capaz de sobrevivir al indie-rock para Slumberland, al post-rock paisajista o la indietrónica. Si a esto le unes la sombra hip-hop de Anticon, pulsaciones electrónicas que dan calor y no enfrían, melodías crujientes y juegos vocales tarareables, deberías estar ante uno de los conciertos más disfrutable del momento cumpliendo con nota todas las expectativas pre-concierto; emoción, intensidad y agitación. Como cantan en any hopeful thoughts arrive esperemos que el tiempo (el reconocimiento) no sea un espacio entre ellos y vosotros, no me incluyo porque el fanatismo me excluye desde hace tiempo.

Texto: Rafael Romero