Jackie-O Motherfucker (My Cat is an Alien)

Oh, ¡sorpresa!. Tras un retraso sobre la hora prevista nos enteramos in situ de que no vamos a ver a Jackie-O Motherfucker sino a My Cat is an Alien con Tom Greenwood como único representante del colectivo con base en Portland. Después del chasco (sorpresa) actúan los locales ADALINE , sobre el papel investigadores de la fusión ruido/recreación melódica, acompañada para el directo de proyecciones. De la media hora que tocaron, una canción resultó agradecida pero cinco pesaron como mil ladrillos. Sopor.

No tiene nada, absolutamente nada que ver la expectación pre-concierto si hablamos de JOMF que si hablamos de MY CAT IS AN ALIEN . De ahí que hubiese más de un gesto contrariado. Si uno esperaba paladear la simbiosis de lazos tan dispares como la tradición folk, avant-rock, free jazz o la psicodelia de campo y se topa con el space-rock marciano de los hermanos Opalio (My Cat is an Alien) hablamos de un gato por liebre que cambia el tono épico, oscuro o luminoso, y terrenal por la improvisación, sucia o escabrosa, más sideral. Tras la pataleta inicial comienza una jam session en la que también participa Ramona Ponzini (mecenas y soporte espiritual). Los hermanos Opalio se sirven de una catálogo de juguetes cósmicos (pistolas, teclados,...), distorsiones para guitarras horizontales y percusiones tribales a golpe de tambor o glockenspiel, en primer plano Ramona Ponzini exuda vocablos ininteligibles acompañados del jugueteo con crótalos, campanillas y demás elementos primitivos de fricción. Completa la postal un decepcionante Tom Greenwood perdido en acordes simplones de guitarra, fallidos intentos de encadenar punteos pero aportando el único asidero al mundo real con una voz apenas perceptible.

El crucero interestelar de los hermanos alienígenas se preocupa de llenar ese celeste vacío de ahí fuera con nubes de ruido en todo momento controlado que evoca a las split series from the earth to the spheres -disponibles a través del sello Opax - que les han llevado a compartir minutaje con Thurston Moore, Thuja (el volumen más lúcido en lo que va de serie), Jim O’Rourke o los propios Jackie-O Motherfucker y espera tener continuidad con la aportación de Christina Carter, Double Leopards, Glands of External Secretion o Christian Marclay. En el Wire del pasado enero Roberto Opalio hablaba que desde pequeño se sentía alien y que la única forma de escapar de la desolación dominante en Turín era a través de la improvisación en mitad de la noche cuando todo duerme y el único decorado es la inmensidad del negro estelar y las instalaciones o pinturas alienígenas que engalanan su estudio. Entendemos pues, la explosión de todas y cada una de las partículas que adornan un directo de expansión cósmica, como ejercicio catártico o de liberación de unos fantasmas que no visten sábana y arrastran cadenas, llevan trajes de astronauta y disparan ráfagas láser a la soledad y a la decadencia de la vida industrial sin piedad o límite alguno esperando encontrar respuesta en algún mundo paralelo. Seguimos sin ver a Jackie-O Motherfucker pero nos acostamos con antenas. Peor es nada.

Texto: Rafael Romero